IDRIS DOYLE
Jamás creí que cuidar de un hombre como Thomas sería tan divertido. Lo había acompañado al parque para alimentar a las palomas y cuando se acabaron las migajas de pan, quiso que lo llevara por un helado. Me daba tristeza que, teniendo tanto dinero y una familia grande, nadie quisiera estar con él.
—Necesito que te compres un vestido nuevo, el más bonito que encuentres —dijo una vez que se acabó su helado—. Habrá una reunión el fin de semana y quiero que te veas espectacular.
—¿Qué?