NARRADORA
— ¡No, no, no, vamos, funciona, funciona!
Hakon gruñía, desesperado, haciéndose cortes en la muñeca, como un demente que ya no quiere su vida.
No importaba cuantas veces la pared se reparara, el hielo se derretía con mayor rapidez.
La última barrera de defensa, estaba cada vez más delgada.
“¡Ana, tienen que parar, no podré contenerlo!”
Le gritó en la mente a su mate, que enseguida dejó de avivar el fuego Centuria.
— ¡Alto, Dalila, se está afectando la otra barrera, Hakon no puede agu