NARRADORA
Anastasia estaba en su nube rosa, feliz y saciada después de una noche apasionada con su macho salvaje.
— Ana, ¿de verdad te tienes que ir ya?
Hakon la abrazó mientras se lavaban y refrescaban en el riachuelo al lado del árbol, que sirvió como su refugio improvisado.
— Acabamos una dura pelea y tengo obligaciones, que ya he dejado de lado por seguir tus locuras – olfateó su fuerte pecho abrazándolo también.
— Locuras que te encantaron – Hakon le susurró en el oído, suspirando por ten