Escurro el agua fría de mi cabello y mi cuerpo.
Me encuentro en la ducha privada de Cedrick, así que aquí nunca entra ninguno de los otros machos guerreros de la manada.
Estoy frustrada y caliente, las nalgas me escuecen y están rojas, pero ni modo, yo misma me lo he buscado.
Suspiro pensando en que la próxima vez que ese lobo cachondo quiera hacerlo, me voy a negar rotundamente, va a tenerme que rogar de rodillas.
“Qué ilusa eres” la voz de mi consciencia llamada Sena me dice con sarcasmo.
Ni