La tarde había caído sobre la comisaría. En su despacho, la comisario Guzmán permanecía de pie junto al ventanal, observando el ir y venir de los oficiales en el patio interno. Su expresión era impenetrable, pero en sus ojos había una tensión evidente.
Los golpes en la puerta la hicieron girar apenas el rostro.
—Adelante. —respondió con voz firme.
La oficial ingresó a la oficina, llevando una carpeta gruesa entre las manos. Cerró la puerta tras de sí con cuidado y avanzó hasta el escritorio