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Pietro caminó rápidamente hacia mí, su mano fue a mi cuello, apretando con fuerza e impidiéndome respirar. El aire se me escapaba, pero mi mirada fija en él no titubeó ni un segundo. Miré a Gabriele, buscando ayuda, pero él se veía complacido con lo que me estaba haciendo, como si fuera un espectáculo. Agarré su mano y, con todas mis fuerzas, la separé de mi cuello. Tosí un poco, pero me recuperé rápidamente, tomando aire con avidez. Miré a Pietro con rabia, mis dedos aún temblando de la adrena
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