El silencio en la habitación solo era interrumpido por la respiración agitada de ambos. El beso anterior había dejado a ese macho al borde de perder el control, con el corazón golpeándole fuerte en el pecho como un golpe seco que se repetía con furia.
La loba lunar permanecía bajo él, con los labios húmedos, los ojos brillantes, la piel erizada, con el aroma de hembra excitada en el aire.
Raymond la sostuvo del rostro con una fuerza que temblaba, como si odiara su propia debilidad. Sus pupil