CAPÍTULO 83
Mirta se levanta de la cama con los ojos llorosos, mientras se acomoda la ropa, acababa de entregarle su virtud a Aurelio.
No fue nada tierno, más bien un momento salvaje lleno de un deseo que no era mutuo.
Aurelio la acostó en la cama, la desnudo con rapidez para tocar con sus labios cada milímetro de la piel de la loba que estaba exhausta.
La deseaba, se había convertido en una obsesión, la belleza de Mirta le regresaba un poco la grandeza que había perdido, el lobo sabía que no e