Capítulo 46 — Primera vez.
La puerta de la cabaña se cerró con un golpe suave, como si el mundo exterior se desvaneciera. Solo quedaba el crepitar bajo de la chimenea, el aroma a pino helado y cuero viejo, y el latido acelerado de dos corazones que por fin se reconocían.

Teo no encendió más luces. La luna blanca se filtraba por la ventana alta, bañando la habitación en un resplandor plateado que hacía brillar la piel de Kariane como si estuviera hecha de brasas contenidas. Él se quedó quieto un instante, solo mirándola, c
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