El recibimiento del rey Aldren había sido imponente, pero cuando las puertas del territorio se cerraron detrás del convoy, el ambiente cambió. El rugido del viento fue reemplazado por murmullos, y las miradas de decenas de lobos se clavaron en las cuatro chicas. Algunas cargadas de asombro. Otras de temor. Otras de respeto.
Pero ninguna tan intensa como la de Aldren cuando sus ojos azules se posaron en Zoe.
La loba blanca, que aún abrazaba a Lyra con fuerza, retrocedió instintivamente un paso cu