Cuando Teo y Kariane desaparecieron por el pasillo lateral, la atmósfera del salón cambió como si alguien hubiera desplazado una pieza clave del tablero. El murmullo general bajó apenas un grado, no por desaprobación, sino porque los lobos del norte comprendían muy bien lo que significaba cuando un lobo escoltaba a su destinada fuera de una celebración. Había respeto implícito en la mirada de los guerreros. Y una atención silenciosa.
Lyra, desde su lugar, lo notó de inmediato. No sonrió, no come