Luciana sintió un fuerte olor en su nariz que poco a poco le ayudó a ir despertando, ella se levantó algo desorientada mirando a su alrededor al ver a Damián y a Diego la hizo levantarse con fuerza del sillón, lo que la hizo marearse nuevamente.
—Tranquila Luciana, respira — dijo Damián preocupado, al ver que la mujer estaba muy pálida. — He llamado a tu padre, él viene para acá.
—Tú estás muerto — Diego la veía en silencio, mientras observaba a la hermosa mujer con sus ojos azules llenos de