Santiago guió a Emma hasta su despacho y una vez entraron él cerró la puerta, él no iba a perder el tiempo con esa mujer, por lo que iría directo al grano.
—¿A qué has venido Emma? — la mujer se paseó por el lugar.
—Está muy linda la casa, bueno, hasta dónde he podido verla — Santiago la miraba con una intensidad que daba miedo.
—Y será lo único que veas, ahora quiero que me digas que quieres o si no quiero ver que te vayas ahora mismo. — Emma se sentó con gran elegancia y sonrió.
—Quiero e