El beso cada vez se iba haciendo más profundo, más intenso, Santiago la deseaba como un loco y ella no era indiferente a lo que en ese momento sentía y quería, sus manos pasaban del cabello de Santiago a sus brazos y luego a su pecho, y eso lo estaba poniendo fuera de sí. Santiago usó toda su fuerza de voluntad y se separó de ella, tenía sus manos en los hombros femeninos, ambos se miraban a los ojos y respiraban con dificultad.
—Sí sigues besándome de esa manera no voy a poder detenerme Lucia