—Veena.
Me agito un poco, pero no abro los ojos. Estoy demasiado cómoda para despertar, quiero quedarme en el calor de mi cama y dormir todo el día.
—Despierta —vuelve a susurrar en mi oído—. Vamos, Veena, despierta.
Me doy la vuelta y tanteo la cama en busca de mi almohada favorita, sin embargo, mis dedos acarician algo suave y cálido, retiro la mano enseguida y arrugo la frente, un tanto confusa.
Una suave risa varonil estalla justo a mi lado.
—¿Acostumbras manosear sin siquiera avis