—Mi segunda petición es más compleja que la anterior —dice plantando un beso en mi hombro.
Estoy exhausta, aún me tiemblan las piernas y me siento algo aturdida.
—Creí que acostarte conmigo era todo lo que querías —respondo sin abrir los ojos.
Lo escucho reír.
—No, no es todo.
Sus brazos envuelven mi cintura y me estrechan en un fuerte abrazo. Siento su miembro entre las nalgas y su pecho desnudo contra la espalda, es una sensación muy hogareña.
—Veena, quiero que hoy duermas conmigo.