Mundo ficciónIniciar sesiónEl rostro de fiereza de la pequeña Hebe, cohibió a Anaís, al punto de hacerla retroceder un poco. Marco se acercó a la chica de manera protectora y reprendió a la chiquilla.
—No debes tratar a Anaís de esa manera, además, yo no soy tu marido, eres una niña y los maridos son para las mujeres adultas. Ahora ya deja tus locuras, porque si sigues de esa manera ni siquiera voy a quererte tratar —mencionó Marco en tono severo.
—¡Ya vas a ver qué sí eres mi marido! Y ella —expresó mi







