Capítulo 18. Sangre y acero.
Dante
La llamada se cortó, pero la tensión permaneció colgada en el aire como el filo de un cuchillo.
Sentí el peso del teléfono en mi mano, pero más pesado era el nudo que se formaba en mi pecho. Mi mandíbula estaba rígida, mis músculos tensos, y mi mente se llenaba de imágenes sombrías que no quería imaginar.
“Trina, sola en la ciudad, Trina, vulnerable, Trina en manos equivocadas”.
Maldit0 infierno.
La desesperación se apoderaba de mí. Trina, aunque sanguíneamente era mi prima, para mí se tr