Capítulo 149. Las puertas del infierno.
Enrico Armone
El sonido de la lluvia golpeando el parabrisas era el único pulso que se sentía dentro del vehículo mientras descendíamos frente a la finca. Nadie hablaba. Las miradas estaban clavadas en los grandes y altos muros, en los hombres armados que ya nos esperaban con los dedos cerca del gatillo. No era una bienvenida. Era una advertencia.
—Nadie levante las armas —dije en voz baja, sin apartar la vista del frente—. Vamos por las buenas.
Izan salió primero. Yo detrás. Sander y Dante nos