Alessandro y yo regresamos a nuestra habitación, noté que Él siguió de largo hasta sentarse en la cama y la palmeó todo risueño, yo seguí caminando mientras observaba su rostro que cada vez denotaba una inmensa felicidad, llegué hasta su lado y me senté en la cama sin dejar de mirarlo cuando me abrazó para mencionarme cariñoso y como un susurro en mi oído
—Te amo, quiero comerte esta noche, quiero ser tu león hambriento y tú mi presa deliciosa, mmmm
Carajo que eso me calentó, mi sangre comenzó