EN OTRA LÍNEA DE TIEMPO…
Atina
El castillo tenía que estar cerca.
Después de un rato, el desierto de tocones flanqueados por hongos se desvaneció en un camino de piedra cubierto de musgo con todo tipo de malezas rizadas que brotaban entre los adoquines partidos.
Entrecerrando los ojos ante la luz de la luna, que era abundante y radiante a pesar de las densas masas de niebla que intentaban ocultarla, vislumbré algo que parecía piedra, pero no lo era. Algo duro como el granito, brillante como ópa