Le pellizcó los pezones con fuerza, y ella soltó un pequeño jadeo. —¿Por favor, qué, lobita? ¿Por favor, lameme los pezones? ¿Por favor, chupalos? ¿Quieres que te los folle? ¿Meter mi polla entre los dos y deslizarme entre ellos? O quizás lo haga y que me la chupes al mismo tiempo. ¿Qué te parece?—
Ella se retorció y él sonrió. No sabía que estaría así, tan abierta, tan dispuesta. Había temido que se asustara de lo que él deseaba, pero por cómo se movía, se equivocaba. No lo haría todo esta noc