—No estás escuchando —me dice Ryan, agarrándome las muñecas para evitar que le quite la toalla.
Ambos tomamos duchas calientes, por separado, cuando regresamos del parque, y estoy usando una bata de seda fina que sé que abraza mis curvas y deja poco a la imaginación.
—Me cuesta mantener el control, Charlie—, dice. —Antes esquivamos una bala, y ahora necesito que seas fuerte por nosotros—.
—No es que mi apartamento tenga micrófonos ocultos ni nada por el estilo—.
Ryan murmura algo en voz baja qu