Casi terminamos de comer cuando una brisa fría del océano corta el aire cálido y ambos miramos hacia el agua para ver nubes oscuras acercándose.
Me vuelvo hacia Ryan. —Se acerca una tormenta rápidamente—.
Ryan termina el último trozo de sándwich y se lame la mostaza de los dedos. —¿Lluvia?— Me observa con atención. —Tú con el vestido mojado...—
Yo también voy. «Tú con la camisa pegada al cuerpo».
Sus ojos brillan con picardía. —No nos vamos a ninguna parte—.
Me río entre dientes. «Supongo que n