Ryan gruñe desde el sofá y yo lo miro para ver que tiene la piel teñida de verde.
—Tienes una resaca brutal—, le digo mientras sirvo las tazas del café. Ryan durmió en mi sofá anoche, donde logré que se tumbara después de que hiciera una versión torpe de un baile que había visto en una película sobre strippers masculinos. —Es obvio que los hombres lobo no beben por algo—.
—Tu voz me duele la cabeza. —Se tapa la cabeza con la manta y gime—. Es culpa tuya.
La luz del refrigerador se apaga al abri