Giulia
Mueve la silla unos dos metros lejos del espejo y se sienta en ella. —De esta manera podrás oler, oír, saborear, sentir y ver tu sufrimiento.
Me encojo de hombros despreocupadamente, pero puedo sentir un escalofrío de emoción eufórica recorrer mi columna vertebral.
Quítate las bragas y ven a tumbarte sobre mis rodillas—, me ordena.
El mismo diablo me susurra al oído y en lugar de simplemente quitarme las bragas, empiezo a quitarme el vestido.
—Sólo las bragas—, recuerda.
—Dime que no has