Una noche bastante distinta.
Su jefe la condujo por un pasillo hasta una enorme sala y pudo ver una mesa de madera maciza a juego con cuatro sillas. El espacio era abierto y en el otro extremo había un enorme sofá de tres cuerpos, dos individuales y una mesita redonda de cristal. A su derecha, por el rabillo del ojo, vio una barra americana que separaba la cocina del resto de la enorme sala.
—Te conozco lo suficientemente bien como para intuir que ahora mismo quieres echar un vistazo al resto de la casa —imperó su jefe, p