No hay marcha atrás.
Estaba en todo su derecho de sentirse nerviosa. El motivo era la bendita cena que tendría con su jefe.
Siendo honesta, le había dicho a su jefe que no se preocupara, que no tenía por qué saldar un favor que ella había hecho de manera incondicional, pero no. Él había insistido al punto de invitarla a cenar a su casa, lo que, también significaba que…
—Cena con el sexy jefe papi y encima en su casa —canturreó su mejor amiga, provocándole un sobresalto.
—Por amor a Dios, Ori, no lo llames así —r