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LAZOS INELUDIBLES
LAZOS INELUDIBLES
Por: Lady Winer
El inicio de una historia lamentable

Hace cien años; Agnes Dale Nort y Koan Skidi conocieron la desgracia de amar a un enemigo por naturaleza.

Bajo la luz de la luna llena, yacían celebrando en una cabaña, su escape lejos de aquel lugar llamado Arkadia la llenaba de alegría y esperanza. Para Agnes, era el comienzo perfecto con el hombre que amaba, o eso era lo que ella pensaba.

Agnes, había renunciado a su vida, Koan era todo para ella, su esperanza se había posado en el plan para escapar hacia su futuro lejos del clan Pawnee, siendo Koan parte de dicho clan el cual no aceptaban a otro tipo de especie como su pareja predestinada, lo que hacía imposible su amor públicamente.

 En la cabaña Agnes lo abrazó, sintiendo el calor de su cuerpo, la respiración fuerte de su amado la hacía estremecer, se sentía segura y protegida, como si nada la pudiera arruinar su felicidad.

-Promete que esto es el inicio. -dijo con una voz susurrada en el oído de Koan.

Tragando profundo responde.

-Lo prometo,- observando los ojos ipnotizantes de la joven, uno era verde como una esmeralda brillante y el otro azul como un hermoso zafiro.

Koan le da un beso muy apasionado, como si fuera el último, sujetando su hermosa cabellera de color rojo de patrón rizado y tocando la delicada piel blanca de su mejilla, tornándola un poco rosa.

-Mi corazón y futuro te pertenecen- Mirando esos ojos verdes, y piel canela que la hacían derretir, sus facciones nativas lo hacían más especial y exótico para Agnes, no había nada que la hiciera querer apartarse de él.

-Yo…Agnes yo quiero…

-tomemos para celebrar nuestro comienzo lejos de aquí.- -interrumpiéndose así mismo, sonriendo levemente y soltando a la chica, tomando aire pesadamente.

Se giró hacia la mesa y llenó dos copas, mientras escuchaba la emoción de la chica imaginándose como sería la vida que tendrían ambos al ser libres del peso de las reglas de sus especies.

Al acercarse, sus ojos se miraron fijamente, él le ofrecía la copa, ella la recibió y luego besó su mano con tal calidez que casi olvidó su objetivo.

-No me abandones, por favor,-dijo con voz un poco triste, pensando lo peor si eso llegara a pasar.

-A partir de hoy nuestra vida será maravillosa ¿verdad?,-sonriendo tiernamente, observando con cariño a la única persona en quien confiaba totalmente.

-No lo dudo,-afirmó él con seguridad, tomando un sorbo de la bebida.

-Pero no para tí,- con un tono cortante, mirándola fijamente mientras soltaba la copa, alejándose de ella.

-¿De qué estás hablando?,-con voz un poco débil y confundida.

Su cuerpo se sentía pesado, sus ojos parpadeaban lentamente, con la vista borrosa observó sus manos.

 La sensación de escuchar menos y su respiración lenta, la hacían sentirse abrumada, todo giraba en su entorno, el miedo la consumió cuando su cuerpo no quería responder, cayéndose sin poder siquiera arrastrarse.

-¿Por qué estás haciendo esto?, con su voz casi susurrada y con lágrimas en los ojos.

No entendía por qué el ser que amaba ahora la había envenenado, quería despertar de esa pesadilla.

 -Lo lamento. Dijo con un tono un poco seco.

-Pero si debo escoger entre mi manada y tú, elegiré a mi manada siempre, además la manera para demostrar mi lealtad a la manada es entregándote, algo que me convertirá en Alfa y tras casarme con mi Luna, la hija del Alfa actual, sellaré mi destino, que no podía ser a tu lado, entiende somos enemigos por naturaleza. Nada bueno saldría de esto.

-Pero yo…te ama…,-cerrando sus ojos, quedándose totalmente inconsciente.

Al abrir los ojos se da cuenta de que está atada, apunto de ser quemada por el clan Pawnee, frente a ella estaba Koan y el Alfa del clan.

Su mirada se posó en Koan, su corazón se había roto en dos, la había vendido como una moneda de intercambio.

No reconocía al extraño frente a ella, aquel que le había prometió un futuro ahora era su verdugo.

La soledad siempre había sido su compañía, lo había dejado todo por él, su corazón se arrugaba y su mente preguntaba donde se quedaron esas promesas vacías.

“¿Por qué yo?, no es justo, tú lo eras todo. ¿Qué hice mal?, ¿mi vida no vale nada para ti?”

La ilusión de irse y formar un hogar, ahora era una amarga desilusión, algo que se convertiría en cenizas al igual que ella.

“Esto no termina aquí, me aseguraré de que te arrepientas de lo que me has hecho Koan Skidi, eso te lo aseguro”

Con una mirada total de despreció, llanto en sus ojos, sintiendo con todo su ser el odio que la recorría y la sed de venganza, le grita con voz quebradiza sus últimas palabras.

-Yo te maldigo hijo de las Luna, si no logro vengarme, mi aquelarre lo hará.

El fuego la consumió hasta reducirla a cenizas, dando así al inicio de un destino ineludible.

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