Capítulo Diez

•Miguel•

Estaba increíblemente hermosa cuando se turbaba, especialmente cuando era por mi culpa.

Me quedé exactamente donde ella me había empujado, como un idiota cachorro esperando migajas, los ojos clavados en esa puerta como si mirarla con suficiente intensidad fuera a hacer que se abriera.

Dios, esta chica me hacía actuar como un lunático y amaba cada segundo de ello.

Mi mano se deslizó en el bolsillo izquierdo de mis jeans, los dedos cerrándose alrededor del teléfono. Necesitaba algo, lo q
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