•Penélope•
Algo no estaba bien.
Me di la vuelta, los ojos abriéndose poco a poco. Espera, ¿por qué estaba en una habitación? ¿Y en una cama?
Me incorporé, con el corazón acelerándose. ¿Cómo había llegado hasta aquí?
Habría jurado que hace unos minutos seguía en el avión.
Entonces caí en la cuenta: el regazo de Miguel. Dios mío. En realidad me había quedado dormida sobre su pecho.
El recuerdo de nuestra conversación se abrió paso hasta el frente de mi mente, y lo empujé hacia abajo antes de que