—Edward habré la puerta—la voz irritante de Natalie Wood.
Vivian me miró enarcando una ceja, ambos estábamos aun jadeantes.
—¿Quién es? —masculló, sin moverse un poco.
Suspiré, le acaricié las piernas.
—Es una Junior—contesté—, es nieta de un amigo de mi abuelo.
—¡Edward sé que estás ahí, abre ya!
Frunció el ceño.
—¿Por qué viene aquí a hablarte de ese modo?
Con mi pulgar masajee su frente para quitar su entrecejo.
—No es nada de lo que tú piensas, yo solo la he tratado como lo que es.
—¿Y qué