—Ya deja de suspirar Romeo—le palmee el hombro a Chad—, ellos volverán, son vacaciones.
—¡Ni siquiera pude tener su Instagram! —chilló—, o su Snap, nada de ella—se quejó con drama.
—Oh, estos jóvenes—ahora se quejó Félix con un bufido—, creen que el amor va a encontrarse en esas simples redes sociales, cuando hay todo un modo allí afuera.
—Lo dice porque usted ya es anciano y su única comunicación eran las cartas.
Félix le lanzó una barra de mantequilla.
—Ten más respeto, niño.
—Ya, ya, basta d