36–Mi hijo.

Rómulo se echó a reír.

—Eres perro viejo ¿eh? Está bien, eso me gusta, gente precavida y directa.

—Es mejor ser así— contestó el alcalde—si nos vamos a morir es mejor hacerlo a conciencia ¿no crees?

Después de unos minutos de silencio Rómulo dijo: —opio, nuestro…—refiriéndose a él y su cuñado— negocio es el opio, solo necesitamos que estés enajenado, que no te enteres de nada, de lo demás nos encargamos nosotros.

—Así que opio— meditó por unos segundos el alcalde—estoy seguro que eres el dueño
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