17-La boda.
Iban los tres en el carruaje rumbo a la iglesia, Ale iba nerviosa, aguantaba un ramito de margaritas blancas que le dió Angélica la ama de llaves de Rafael como si fuera el título de propiedad de su hacienda. Tenía mil preguntas, pero la más importante, la que estaba rondándole una y otra vez en su cabeza era la de ¿cómo iba a ser su vida a partir de que ella y Diego se casaran?, ¿cómo iban a convivir siendo esposos pero no marido y mujer? porque él se lo dejó claro, “tú seguirás tu vida y yo l