El tiempo transcurrió y antes de lo previsto las contracciones de las gemelas se adelantaron, las llevaron a la clínica que estaba preparada con todo, estaban bajo el cuidado del mejor ginecólogo del reino.
Afuera estaba Dominik caminando nervioso de aquí para allá, se sentaba de vez en cuando y tamborileaba los dedos de sus manos, estaba solo, sin hermana, ni padre, ni abuelo, más nervioso estaba.
Cuando se escuchó el llanto de un bebé, después tres más, sonrió y se sentó a esperar, salió el