Las dos lo observaron en forma pícara, se rieron de verlo sonrojado, sudoroso y excitado, se le acercaron diciendo.
—Dominik, no sabíamos cuándo ya estar así, ¡solas para amarte!, te deseamos siempre esposo nuestro —dijo Dianne
—Si, cuando llegamos aquí, queríamos ya estar a solas contigo amor—dijo Alice
Las dos le daban la vuelta al cuerpo de su esposo, toqueteándolo y haciéndolo gemir, Dominik ladeaba la cabeza sintiendo esas hermosas y ávidas manos recorrer su cuerpo, estaba vestido todaví