Lucius, el rey licano indago con cautela
—¿Puedo acercarme a ti Dianne?
—¡No quiero!, no me toques—dijo Dianne
—Pero Dianne, quisiera que, sintieras mi aroma de alma gemela
Dianne lo miro y frunció el ceño enojada
—¡No quiero oler nada de ti!, no quiero, ¡me encanta el aroma de Dominik!, es mi esposo y lo amo, ¡aléjate de mí!
Lucius escucho eso y se sintió triste del rechazo, se hizo para atrás y se sentó en la cama agachada la cabeza, mientras Dianne se recostó encima de la mesa y sentada