El silencio de la habitación de Diamond se veía interrumpido únicamente por el susurro clandestino de una llamada que nunca debió ocurrir.
Diamond sostenía el teléfono contra su oreja con una fuerza tal que sus nudillos blanqueaban, mientras su mirada recorría nerviosamente la puerta cerrada.
Al otro lado de la línea, la voz de su aliado sonaba agitada, cargada de una mezcla de alivio y terror puro.
—Fue un milagro, Diamond. Escapé por los pelos —susurró el hombre, su voz entrecortada por la es