El sonido del cerrojo al encajar fue la sentencia de muerte para la última chispa de esperanza que Diamond albergaba.
En el interior de la habitación, el aire se volvió pesado, saturado de un miedo rancio que Diamond no había experimentado con tal intensidad desde que era una niña asustada en los callejones de Nueva York.
Su padre no gritó.
Los monstruos de verdad nunca necesitan gritar para imponer el terror.
Con una parsimonia aterradora, se desabrochó el cinturón de cuero, dejando que la heb