El silencio en la habitación de Diamond era denso, interrumpido únicamente por el leve siseo de la nieve golpeando contra el cristal de la ventana.
Diamond se encontraba sentada frente a su tocador, con el cabello desordenado y una pequeña compresa húmeda presionando el golpe en su frente.
La piel estaba inflamada, un recordatorio físico de su propia actuación desesperada en el barro de la base militar.
Mientras limpiaba el rastro de tierra que aún quedaba en sus sienes, la puerta se abrió con