BASTIÁN
—Agradece, que te estamos trayendo nosotros y no la profe.
—¿Por qué? —respondo, tratando de no quedarme dormido en el auto; estoy cansado y algo ebrio.
—Eres lo que le sigue a pendejo.
—Hazle entender, si puedes, porque está como en las nubes.
—Dejen de joderme, solo quiero llegar a casa y ver a mi mujer, la extraño. —Era cierto, desde que regresé de mi viaje, no sé, algo cambió en ella, pero deben ser ideas mías.
—Cuando estés bueno y sano, te contaremos; nos debes la vida, hombre.