VICTORIA
—Mami, ¿qué hora es?
—Las tres de la tarde— Mi niño hermoso, le tiemblan las rodillas, mejor dicho, no las deja de mover ni un instante, mira hacia la puerta de embarque, la verdad no hubiera querido venir, pero mi hijo insistió tanto, yo también estaría temblando, sin embargo, se supone que soy el adulto aquí y no puedo mostrarme tan vulnerable.
De pronto mi hijo va corriendo sin olvidar las flores que le trajo a su padre, unas hermosas lilas.
—¡Papi, papi!
—¡Campeón! — Extiende sus b