89. EN LOS HOMBROS DEL REY
REY GUILLERMO
Ser rey sería un oficio bastante razonable si los problemas hicieran fila.
Uno por uno.
Tal vez con cita previa.
Pero no.
Los condenados llegan juntos, como lobos hambrientos, buscando hacer más grande la desgracia.
Apenas había tomado asiento en el salón del trono cuando las puertas se abrieron de golpe.
Ni anuncio.
Ni permiso.
Marcus Nolan irrumpió como si el infierno lo persiguiera.
Despeinado, sin aliento, el rostro blanco como harina cruda.
Mi ceño se frunció al instante.
—Es