77. ENTRE DOS BANDOS
RIVEN
Mi bella prometida se ha esforzado más de lo que imaginaba para evitar que actúe por puro instinto.
Y lo logró.
He terminado de leer el diario de mi madre. Cada página fue un golpe, pero también una lección. Comprendí, al fin, que el peor castigo que puedo infligirles a quienes destruyeron su vida no es la muerte inmediata, ni el caos desmedido.
Es el poder.
Tomar el trono.
Reclamar lo que siempre fue mío.
Y el primer paso para eso es concreto, visible y político: mi matrimonio.
No puede