63. LA ÚLTIMA NOCHE
LUIS RENARD - TRES DÍAS ANTES
La cortina entreabierta dejaba entrar un rayo de sol que me golpeaba de lleno en el rostro, sin piedad.
Abrí los ojos y me arrepentí al instante. La luz atravesaba mis párpados como cuchillas finas y la resaca me taladraba el cráneo como si mi cabeza fuera un tambor maldito.
—Perfecto... —murmuré con amargura.
Me senté al borde de la cama, apoyando los codos en las rodillas, la respiración pesada, torpe.
La conciencia volvía... sí, pero venía acompañada de mis deci