61. NO DUDO QUE PUEDAS. DUDO QUE DEBAS
MARGARETH
Disfruta de mi incomodidad.
Y lo peor (o lo mejor, depende de cómo se mire) es que no me molesta.
Es verdad que ya no estoy acostumbrada al coqueteo, ni a los besos, ni a las caricias que vienen con intenciones claras... pero tampoco fui precisamente una santa en mi vida anterior. Algo de experiencia queda.
Y lo sé: verme así, nerviosa, torpe, casi como una novata, le da a Riven esa absurda sensación de superioridad en este juego.
Pero lo que él no ha terminado de entender es que yo t