136. PELEA Y VACÍO
LIAM
El silencio después de su asquerosa respuesta dura apenas un instante.
Algo oscuro se mueve en sus ojos, algo que no es rabia ni vergüenza... sino una especie de satisfacción enferma.
Entonces se lanza. No le importa la daga en mi mano.
No hay advertencia.
No hay pausa. Como si esta misma escena la hubiera vivido ya miles de veces.
Con cuatro movimientos el arma cae de mi mano y un golpe llega directo a mi mandíbula.
Mi cabeza se sacude hacia un lado y el sabor metálico vuelve a llenar