El hombre soltó un gruñido de dolor y retrocedió un paso. Bajó la cabeza y observó con incredulidad cómo la sangre brotaba alrededor de la hoja. Luego alzó la mirada, y con sus ojos llenos de furia y odio, vociferó.
—Maldita perra, de que te mato, te mato.
Él con el puño cerrado le propinó un golpe en el estómago. Lucía se retorció y cayó lentamente de rodillas, su cuerpo convulsionaba de dolor. Un gemido ahogado escapó de sus labios entreabiertos mientras luchaba por mantenerse consciente. El