Freya y Crono apenas durmieron unas horas, y cuando Freya despertó, lo hizo aturdida. Un embriagador aroma cítrico y amaderado se filtró por sus fosas nasales, despertando sus sentidos. Aun adormecida, se frotó los ojos para despejar la niebla del sueño. Después de unos instantes, pudo distinguir la figura de un hombre atractivo, de ojos grisáceos y cabello castaño, que se encontraba sentado en sus talones frente a ella.
—Hola —susurró él, con la mirada seductora.
Freya bostezando, todavía som